29/4/2009

La biblioteca cercana


Nunca, como ahora, ha sido tan fácil y tan rápido acceder al patrimonio escrito de la humanidad


Nunca se ha leído tanto como hoy en día. Aunque es algo obvio y perfectamente observable, todavía hay muchos que no se lo creen y se aferran a imágenes caducas de nuestra sociedad. Se lee lo bueno, lo malo y lo regular. Se lee el papel y se leen las pantallas de toda forma y tamaño. Nunca, como ahora, ha sido tan fácil y rápido acceder al entero patrimonio escrito de la humanidad, cómodamente y desde casa. Y nunca, como en estos momentos, han circulado a precio tan asequible las grandes obras literarias en ediciones de todo tipo.

Además, para acabar de romper los tópicos agoreros, los últimos datos sobre uso de las bibliotecas públicas en Catalunya son espectaculares: durante el año pasado, unos 22 millones de personas visitaron este tipo de instalaciones culturales, lo que supone un 11,2% más que en el 2007. Entre tantos datos de cariz pesimista, es obligado poner de relieve esta realidad. Somos una sociedad capaz de llenar bibliotecas y de tragarnos Gran Hermanoydemásprogramas basura. Todo a la vez. 

La biblioteca cercana se ha convertido en un punto de encuentro social, como el gimnasio o el bar. Tal vez siempre lo fue, pero hoy esto se ha potenciado. He podido dar charlas en algunas bibliotecas y he comprobado con agrado el papel que ejercen estas instalaciones como articuladoras del debate ciudadano, lo que se dice y se piensa en esa gran zona entre el refugio doméstico y el conglomerado que forman la administración y las organizaciones sociales. 

Es un predio prepolítico, que limita al sur con el individualismo propio de nuestras rutinas y al norte con las pulsiones gregarias que proyectan las instituciones. En este océano de inquietudes, las bibliotecas se alzan como islas llenas de signos, algo equivalente, salvando las distancias, a lo que fueron los ateneos populares anteriores a la Guerra Civil. 

Hoy, las nuevas herramientas tecnológicas permiten que el usuario de la biblioteca pueda aislarse en su disfrute particular y pueda también, si lo prefiere, intercambiar experiencias con otras personas. En este sentido, debe celebrarse la existencia creciente de clubs de lectura, donde -por cierto- la presencia de mujeres acostumbra a ser superior a la de hombres. Por lo demás, las bibliotecas siempre han sido lugar donde leer la prensa y estudiar. Con internet y los canales digitales, estos hábitos se ven multiplicados. Sin olvidar la gran labor que hacen las bibliotecas creando nuevos lectores, con buenas secciones infantiles apoyadas por actividades diversas. 

Un país de bibliotecas que atraen a la gente es algo que haría feliz a los novecentistas de ayer. A nosotros, que vivimos escopeteados por la velocidad de una época que quema las referencias nada más alumbrarlas, la biblioteca nos parece una forma de salvaguardar 

El libro que Chávez regaló a Obama asciende al segundo lugar de ventas en EEUU


Según dijo hoy la revista Newsweek en su sitio de Internet, Galeano debería enviar una nota de agradecimiento a Chávez, porque gracias al presidente venezolano se han disparado las ventas de su libro. EFE

El libro "Las venas abiertas de América Latina" que el presidente venezolano, Hugo Chávez, regaló a su homólogo estadounidense, Barack Obama, en la V Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago pasó al segundo lugar de ventas en el sitio en Internet de Amazon.com.

Escrita en 1971, la obra del escritor uruguayo Eduardo Galeano narra el saqueo de las riquezas del continente durante medio siglo sufrido a manos de las potencias de la época.

Hace 40 años, en medio de la proliferación de las dictaduras militares derechistas en el continente, fue uno de los factores que influyó en la izquierda latinoamericana.


Paradójicamente, la obra "Open Veins of Latin America: Five Centuries of the Pillage of a Continent", es precedida por "Liberty and Tyranny: a Conservative Manifesto", del escritor estadounidense Mark R. Levin.

Según dijo la revista Newsweek en su sitio de Internet, Galeano debería enviar una nota de agradecimiento a Chávez, porque gracias al presidente venezolano se han disparado las ventas de su libro.

El libro del escritor uruguayo se está vendiendo en estos momentos a un precio de ocasión de 12,24 dólares.

26/4/2009

La biblioteca como refugio


Por Sergi Doria
UNA de las apreciaciones recurrentes al abordar las necesidades humanas es distinguir «lo social» de «lo cultural». Lo social se identifica con la dependencia, el sustento, la lucha contra la exclusión o la sanidad, objetivos fundamentales para la supervivencia en la jungla de asfalto, mientras que «lo cultural», demasiado a menudo, se queda con la arbitraria imagen de las frivolidades del arte contemporáneo, las ediciones institucionales e inútiles y debates estériles sobre casuística literaria...
Pero la cultura es mucho más. La cultura da dinero y cumple también una función social. ¿O no es social que unos jóvenes cambien el botellón con olor a porro por el olor a papel de una biblioteca? ¿O que nuestros mayores sigan un curso de idiomas o se comuniquen por internet? ¿O que los más pequeños disfruten de un espectáculo matinal sabatino mientras sus progenitores gestionan la intendencia del hogar?
¿No es social formarse musicalmente con conciertos vespertinos comentados? ¿No es social admirar un cuadro de Mir o Sorolla que colorea una deprimente tarde dominical? ¿No es social integrar culturalmente la inmigración?
De las tres décadas de gobierno municipal quedará para la posteridad la excelente red de bibliotecas que visitaron 22 millones de personas en 2008. Son 333 centros y más de once millones de documentos -entre libros, revistas, periódicos y material audiovisual- que si los situáramos en una estantería lineal recorrerían los 320 kilómetros que van de Amposta a Roses.
Estadísticas aparte, la biblioteca se ha convertido, en tiempos de crisis, en un refugio para la ciudadanía y una isla de tranquilidad frente al desasosiego cotidiano.
En esa crisálida del saber, no sólo se acude para leer -aunque la mitad de los préstamos siguen siendo libros-; se consigue la necesaria concentración para el estudio y es también lugar de encuentro para compartir aficiones lectoras o hacer amistades y huir de la televisión basura.
Resulta sintomático que, según cifras de la conselleria de Cultura, en 2008 las bibliotecas hayan conocido un 11 por ciento más de asistencia que el año anterior. A medida que la crisis rebaja los presupuestos para el ocio individual, más eran las personas que buscaban el cálido refugio de los libros.
Digan lo que digan los profetas del utilitarismo, nunca la poesía y la ficción resultan tan lenitivas como en tiempos de miseria. Josep Pla evocaba en el «Quadern gris», sus primeros años barceloneses, poco después de la Guerra que ensangrentó Europa y poco antes del pistolerismo que ensangrentó la ciudad: en la Biblioteca del Ateneu el escritor en ciernes se cobijaba del frío y pasaba horas leyendo diarios franceses y esos clásicos, como Montaigne, que acompañan de por vida.
Ahí permanecen, ocupando su hueco en la estantería. La Biblioteca es hoy el último refugio contra la desesperanza.

25/4/2009

La biblioteca del desierto


El Instituto Ahmed Baba de Tombuctú, en Malí, conserva 30.000 manuscritos sobre la presencia islámica en África.


CARLOS FUENTES - TOMBUCTÚ - 22/04/2009 09:00

El viajero puede llegar en avión desde Bamako, la capital de Malí, pero el trayecto resultaría demasiado efímero, fútil. Mejor, tan cautivador como incómodo, es hacerlo en cayuco, 14 horas río Níger abajo desde Mopti a Niafunké, y luego, en vehículo todoterreno, otras tres horas de pista arcillosa hasta Tombuctú.

En la capital del desierto, frontera mítica entre el Magreb y el África negra, sobrevive la biblioteca Ahmed Baba, donde 30.000 manuscritos son la memoria impresa de la presencia islámica en África. "¡Aquí está nuestra historia!", exclama Ghair Abdel. Y abre una puerta de chapa metálica, la última frontera que nos separa de legajos con hasta mil años de vida que ahora hibernan entre decenas de cajas de cartón, vitrinas llenas de polvo y montañitas de arena amarilla en el suelo.

De nombre oficial Instituto de Investigación y Documentación Islámica Ahmed Baba, la biblioteca de Tombuctú atesora más de 30.000 manuscritos y ediciones de textos religiosos y literarios, mapas de viaje y notas comerciales. Son el disco duro de una ciudad que durante seis siglos tuvo lugar preferente en la historia.

Fundada en el siglo XI por nómadas tuareg para organizar el trueque de esclavos y oro procedente del sur por sal y cobre del norte, Tombuctú fue el eje del impero malí. Fue ocupada en 1468 por guerreros songhai, arrasada por hordas marroquíes en 1591 y, al fin, reconquistada por el ejército de los hombres azules en 1737. Tombuctú mereció halagos de "ciudad misteriosa", y fue considerada "la Atenas de África". En la actualidad, la ciudad de los 333 santos acoge a unos 35.000 habitantes.

Esfuerzos de conservación

El mayor patrimonio de la capital del desierto, 900 kilómetros al norte de Bamako, reside en la biblioteca Ahmed Baba y en otro par de centros privados de conservación de manuscritos que gestionan familias de larga estirpe. Creado en 1970 por la ONU, el Instituto Ahmed Baba concentra el esfuerzo internacional para que la memoria impresa de la presencia islámica en África no se disuelva en la arena. Pero, vistas las condiciones en las que se almacena el legado, el visitante termina por ceder a la tentación pesimista. Aquí no abundan medios de conservación, pero sobran el polvo, el calor infame de los días y el frío, seco y afilado, de las noches de invierno. "No es la mejor manera de cuidar libros, pero trabajamos duro", indica el vigilante de la biblioteca.

Afuera, entre calles de polvo y bibliotecas familiares, como la Kader Haidara, que conserva varios miles de manuscritos del total de 100.000 que existen en Tombuctú, la fotografía actual de la Meca literaria del Sáhara oscila entre el perfil puntiagudo de sus tres grandes templos de adobe, las mezquitas de Djingareyber (construida en el siglo XIV), Sankoré y Sidi Yéhia (siglo XV), y la destartalada plaza de mercado en la que se realiza la actividad comercial.

Niños de cara empolvada trasiegan con pollos en venta mientras buscavidas se acercan y tratan de colocar sus navajas repujadas en cuero o pedazos de sal mineral excavados más al norte. Toca regresar a Niafunké, el pueblo que gobernó el bluesman Alí Farka Touré. Una visita a su tumba, alicatada de blanco a las afueras de la villa, devuelve al ritmo cansino que marca la vida cotidiana en África.

Fuente: http://www.publico.es/culturas/220452/biblioteca/desierto


Libros antiguos llegan a la Internet


El esfuerzo de la UNESCO y bibliotecas de EU ofrece el primer mapa europeo del Nuevo Mundo; un cibersitio, en siete idiomas, recopila algunas de las primeras obras literarias de la humanidad.

La UNESCO inaugura la Biblioteca Digital Mundial

PARIS (AP) — Varias bibliotecas estadounidenses y la UNESCO, la agencia educativa de las Naciones Unidas, pusieron en línea algunos de los documentos escritos más antiguos de la humanidad, desde la primera novela latinoamericana y oráculos chinos hasta el primer mapa europeo del Nuevo Mundo.

El bibliotecario del Congreso de Estados Unidos, James Billington, dijo que la idea que impulsa la Biblioteca Digital Mundial no es competir con Google o Wikipedia, sino concitar el interés de los lectores jóvenes y moverlos a leer libros.

"Hay que volver a los libros", afirmó Billington en una entrevista en París, donde el proyecto fue lanzado en la sede central de la UNESCO. "Estos son documentos primarios de una cultura".

Un cibersitio en siete idiomas -inglés, español, portugués, francés, ruso, árabe y chino- conduce a los lectores a través de hallazgos singulares de más de una decena de países.

Entre ellos se encuentra un mapa del Nuevo Mundo de 1562, el único ejemplar conocido del primer libro publicado en las Filipinas en español y tagalo, un manuscrito serbio del siglo XI y oráculos adivinatorios chinos, trozos de huesos o un caparazón de tortuga con inscripciones que están entre las primeras muestras conocidas de la escritura china.

También tiene fotografías, películas y grabaciones antiguas.

Por ahora, las investigaciones en el cibersitio producen unos pocos centenares de rubros en cada categoría, pero Billington anticipa que el proyecto se expandirá a medida que otras bibliotecas nacionales se sumen a las 32 bibliotecas e instituciones de investigación ya involucradas.

Insiste en que la idea es calidad y no cantidad. "No es sólo una biblioteca en línea", aseguró. "Estas piezas son únicas, o sólo disponibles en unos pocos sitios. No se consiguen en otros lados".

La página Web permite ver las obras originales página por página, escaneadas por las bibliotecas nacionales que participaron en el proyecto, a menudo con una narración multilingüe por parte de curadores.

Vincula entre sí las piezas de un mismo tema en diferentes países, en una especie de retrospectiva en línea. "Une la tradición cultural dispersa por el mundo", afirmó Billington.

El cibersitio está dirigido a investigadores, profesores y alumnos en todo el mundo.

Aunque sus ofrecimientos son escasos por ahora, Billington lo considera un punto de partida, "una puerta de entrada al aprendizaje para quienes viven en un mundo audiovisual".

 Fuente: http://www.cnnexpansion.com/tecnologia/2009/04/23/obras-literarias-originales-en-la-red

23/4/2009

Supervivientes bibliotecarios

Por: Celso Gonzales celso.gonzales@gmail.com

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Es del último número de Library Journal y se titula “SURVIVOR: THE LIBRARY EDITION. Director-to- director guidance on how to cope with more budget shortfalls.” (Curzon, Susan Carol. Library Journal, 4/1/2009, Vol. 134 Issue 6, p22-24, 3p, 1 color). http://www.libraryjournal.com/article/CA6645870.html

La autora se basa en un artículo suyo de 2003 donde daba una serie de recomendaciones para afrontar los malos tiempos presupuestarios ("Budget Shortfalls," LJ 5/15/03, p. 34-35). Como ahora la situación es aún peor, se decide a ampliar sus recomendaciones, de gestor a gestor.

Para una información detallada os recomiendo leer el artículo, pero os cuento abreviadamente los puntos que toca:

1. No dejar de ser “proactivos” y seguir organizando programas, diseminando materiales y creando servicios para ser visibles y bien apreciados por los usuarios. Es más difícil recortar lo que gusta.


2. Hablar con los usuarios para saber qué servicios prefieren, qué demandan y qué esperan de la biblioteca.


3. Estar al tanto del entorno y comprender la situación de los que toman las decisiones económicas; mantener buenas relaciones con “los de arriba” para evitar que nos pille el toro.


4. Refutar los tópicos anti-biblioteca constantemente, ya sabéis cosas del tipo, “bah! todo está en Internet”, la biblioteca ya no interesa”, etc. etc. Y aclarar las cosas siempre, no dejar que esos tópicos y malentendidos dañen la imagen y la reputación del servicio.


5. Mantenerse vigilantes ante posibles cambios de uso del espacio bibliotecario, se refiere a que la biblioteca puede ser un espacio goloso para que las autoridades locales decidan cambiarlo de uso y utilizarlo para otras cosas; recomienda evaluar si hay zonas infra-utilizadas y darles un nuevo uso bibliotecario.


6. No desatender las distintas emociones que despiertan los recortes en el personal bibliotecario


7. No mentir sobre posibles despidos


8. Mantener al personal ocupado al máximo, evitar el relajo y los tiempos muertos y conseguir que el personal rinda de manera eficiente


9. Mantener la perspectiva a largo plazo y hacer planes, no dejarse comer por la rutina del trabajo cotidiano y las prisas habituales y diseñar buenos servicios para el futuro.


10. No olvidarse de repasar el presupuesto una y mil veces, buscando siempre nuevas formas de ahorro y de mejora de la asignación de fondos; re-negociar los precios, pues los proveedores también están en un mal momento; buscar siempre patrocinios.


11. Asegurarse de que los recortes sean equitativos y que no afecten solo a una parte del personal, así se consigue que no haya privilegios y desigualdades y puede mantenerse el espíritu de equipo en los malos tiempos.


12. Mantener la cabeza fría y preguntarnos si realmente estamos dando un buen servicio y si lo estamos haciendo bien


13. No desanimarse, a pesar de todo tirar p’alante con buen humor y hacer las cosas lo mejor posible con los recursos que nos queden y avanzar mirando al futuro
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La autora es Susan Carol Curzon, Ph.D., Dean of the University Library at California State University, Northridge. Fue elegida por Library Journal “La bibliotecaria del año” en 1993.

Como veréis hay algunas cosas específicamente estadounidenses que aquí no tendrían una aplicación clara. Pero sí me parece de interés

22/4/2009

Sobre la caducidad de los soportes


Umberto Eco De The New York Times

En la jornada conclusiva de la Escuela para Libreros dedicada a Umberto y Elisabetta Mauri, en Venecia, hablamos, entre otras cosas, de la caducidad de los soportes de la información. Han sido soportes de información escrita la estela egipcia, la tablilla de arcilla, el papiro, el pergamino y, obviamente, el libro impreso. Este último, hasta ahora, ha demostrado que sobrevive bien durante quinientos años, pero sólo si se trata de libros hechos con papel de trapo. A partir de mediados del siglo XIX se pasó al papel de madera, y parece ser que éste tiene una vida máxima de setenta años (y en efecto, basta consultar periódicos o libros de los años cuarenta para ver cómo muchos de ellos se deshacen en cuanto se los hojea). Por lo tanto, desde hace tiempo se celebran congresos y se estudian medios distintos para salvar todos los libros que abarrotan nuestras bibliotecas: uno de los que gozan de mayor éxito (pero casi imposible de realizar para todo libro existente) es escanear todas las páginas y copiarlas en un soporte electrónico.

Pero aquí se nos presenta otro problema: todos los soportes para la transmisión y conservación de la información, desde la foto a la película cinematográfica, desde el disco a la memoria USB que usamos en nuestro ordenador, son más caducos que el libro. Lo tenemos muy claro con algunos de ellos: en los viejos casetes, al cabo de poco tiempo la cinta se hacía un lío, intentábamos desenmarañarla introduciendo el lápiz en el agujero, a menudo con resultados nulos; las cintas de vídeo pierden los colores y la definición con facilidad, y si las usamos para estudiarlas, rebobinándolas y adelantándolas a menudo, se estropean aún antes.

Ahora bien, hemos tenido tiempo para darnos cuenta de cuánto podía durar un disco de vinilo sin rayarse demasiado, pero no hemos tenido tiempo de verificar cuánto dura un cd-rom puesto que, de ser la invención que había de sustituir al libro, ha salido rápidamente del mercado porque se podía acceder on-line a los mismos contenidos y a un precio más conveniente. No sabemos cuánto durará una película en DVD, sabemos sólo que a veces empieza a darnos problemas cuando la vemos mucho. E igualmente, no hemos tenido tiempo material de experimentar lo que podían durar los discos flexibles (los floppy disk) para el ordenador: antes de poderlo descubrir fueron sustituidos por los disquetes, y éstos por los discos reescribibles, y estos por los pen drives. Con la desaparición de los diferentes soportes han desaparecido también los ordenadores capaces de leerlos (creo que ya nadie tiene en casa un ordenador con la ranura para el floppy) y si uno no se ha copiado en el soporte sucesivo todo lo que tenía en el precedente (y así en adelante, presumiblemente durante toda la vida, cada dos o tres años), lo ha perdido irremediablemente (a menos que no conserve en el trastero una docena de ordenadores obsoletos, uno por cada soporte desaparecido).

Así pues, sabemos que todos los soportes mecánicos, eléctricos y electrónicos son rápidamente perecederos, o no sabemos cuánto duran y probablemente no llegaremos a saberlo nunca. En fin, que basta una subida de tensión, un rayo en el jardín o cualquier otro acontecimiento mucho más banal para desmagnetizar una memoria. Si hubiera un apagón bastante largo no podríamos usar ya ninguna memoria electrónica. Aun habiendo grabado en mi memoria electrónica todo el "Quijote," no podría leerlo a la luz de una vela, en una hamaca, en un barco, en la bañera, en el columpio, mientras que un libro me permite hacerlo en las condiciones más arduas. Y si se me caen el ordenador o el e-book desde el quinto piso, estaré matemáticamente seguro de que lo he perdido todo, mientras que, si se me cae un libro, como mucho se desencuaderna completamente.

Los soportes modernos parecen apuntar más a la difusión de la información que a su conservación. El libro, en cambio, ha sido el instrumento príncipe de la difusión (pensemos en el papel que desempeñó la Biblia impresa en la reforma protestante), pero al mismo tiempo también de la conservación.

Es posible que dentro de algunos siglos, la única forma de tener noticias sobre el pasado, al haberse desmagnetizado todos los soportes electrónicos, siga siendo un hermoso incunable. Y, entre los libros modernos, sobrevivirán los muchos hechos con papel de gran calidad, o los que ahora proponen muchos editores hechos con papel libre de ácidos.

No soy un reaccionario nostálgico del pasado. En un disco duro portátil de 250 gigas he grabado las mayores obras maestras de la literatura universal y de la historia de la filosofía: es mucho más cómodo recuperar del disco duro en pocos segundos una cita de Dante o de la Summa Theologica que levantarse e ir a buscar un volumen pesado en librerías demasiado altas. Pero estoy contento de que esos libros sigan en mis librerías, garantía de la memoria para cuando se les crucen los cables a los instrumentos electrónicos.

Umberto Eco es autor de novela "La Misteriosa Llama De La Reina Loana", junto con "Baudolino", "El Nombre de la Rosa" y de "El Pendulo de Foucault". Artículo distribuido por The New York Times Syndicate.

21/4/2009

Impreso versus electrónico


Por: Armando Montenegro


LA APARICIÓN DE LA IMPRENTA SE recibió con desprecio en Florencia. Se la consideró vulgar, producto de los “bárbaros de alguna ciudad alemana”. Los libros de estilo, el orgullo de los Medici, se hacían a mano, se iluminaban e ilustraban por artistas; se coleccionaban y exhibían en suntuosas bibliotecas.


La reacción ante los primeros libros electrónicos fue semejante a la de los nobles italianos frente al invento de Gutenberg. Se dijo que no se podía comparar la sobriedad del impreso, sus lomos, costuras, papeles y tintas, con el ordinario y fugaz pantallazo, luminoso, irritante incluso para la vista. No se podía comparar la nobleza de los oficios del librero y el encuadernador con la fría eficacia del ingeniero de sistemas. El libro electrónico, se concluyó, no podía tener futuro.

Uno de los portavoces de esta visión optimista fue Umberto Eco, quien, en su célebre conferencia en Alejandría en 2003, no manifestó temor alguno sobre la supervivencia del libro escrito. Dio tres razones: (i) los libros son el “medio más económico, flexible y fácil … para el transporte de información a bajo costo; (ii) leer en computadora es aparatoso, incómodo e incluso doloroso para los ojos; y (iii) los libros impresos son portátiles; se pueden leer en la hamaca, hasta en una isla desierta”. Eco concluyó que los libros impresos son productos definitivos que, como el martillo, la cuchara o la tijera, “no pudieron ser mejorados, simplemente porque son buenos”.

La experiencia no le ha dado la razón al profesor italiano. El libro impreso ya comienza a ser desplazado por el electrónico. La irrupción de instrumentos como el Kindle de Amazon prueba que el nuevo libro electrónico es cómodo; no daña los ojos, es liviano y más barato que el impreso; sí se puede leer en la hamaca y en los sitios más recónditos; sus frases y párrafos se pueden almacenar, subrayar y comparar con comodidad y rapidez. Los millones de personas que leen paperbacks, best-sellers, muchos desechables, en las playas, trenes y aeropuertos de Europa, Estados Unidos y Japón —los mismos que usualmente los botan, regalan o los dejan en los hoteles; los que no quieren que se arrumen en sus estrechos apartamentos—, se están pasando al libro electrónico. Y no pocos dicen, además, que así les están salvando la vida a millones de árboles. Después de conquistar el paperback, las nuevas batallas de los libros electrónicos, más difíciles e impredecibles, se darán en los demás dominios de los impresos. (Sin embargo, Eco y otros observadores sí acertaron en su predicción de que muchas revistas, periódicos, manuales, directorios, enciclopedias y otras publicaciones impresas iban a morir a manos de la red).

Esta revolución del libro no ha llegado todavía a Colombia. Acá, por mucho tiempo, el impreso seguirá siendo otro privilegio de la minoría que lee. Pero así como el primer teléfono que llegó a las grandes masas fue un celular —a ellas no llegaron gradualmente los teléfonos fijos negros, la marcación digital y los inalámbricos—, es posible que cuando bajen los precios de los equipos de lectura y miles de textos sean casi gratis, los primeros libros de las mayorías sean los electrónicos. En el largo plazo, el libro impreso sobrevivirá, como en el resto del mundo, como un producto de los amantes de la calidad, lo pretérito, el estilo y, claro, las bibliotecas.


20/4/2009

Ese compañero infaltable


El 23 de abril es el Día Mundial del Libro, y nunca más oportuna la celebración. : leer está de moda.


Leer un libro es el comienzo de una gran aventura, es volver a nacer, es una conversación con su autor, es adrenalina, emoción. Claro que Kafka definió al libro de una manera tal que hace que cualquier palabra sobre. Dijo el autor de La metamorfosis: "El libro debe ser el hacha para el mar helado que llevamos dentro". Siglos y siglos antes de Cristo, la escritura dio sus primeros pasitos en forma de imágenes que pasaron a conformar los conjuntos pictográficos por simplificación. Con el correr del tiempo, vinieron los ideogramas y los signos fonéticos.

Pero nosotros hablamos del libro como soporte, voluntad humana de dar una materialidad perdurable a un texto. La piedra y la madera fueron los primeros soportes; más tarde llegaron las tablillas de arcilla -que se cocían para que quedaran sólidas- y luego, los rollos de papiro (reemplazados por el códex). ¿Quién hubiese imaginado que, en pleno siglo XXI, el libro tendría su versión electrónica o digital/ El e-book es ni más ni menos, un libro digitalizado (Internet es su gran aliada). Lo cierto es que el libro, en el formato que fuese, respira con fuerza, sostenido en un eslogan más bien trillado, pero real: la importancia de la lectura.

El Día del Libro
Otro motivo para concluir que el libro goza de muy buena salud: el próximo 23 de abril se celebra el Día Mundial del Libro y el Derecho de Autor, con lo que se pretende fomentar la lectura, la industria editorial y la protección de la propiedad intelectual.

La fecha elegida tiene su porqué: se conmemora el fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega. Si bien para el origen de esta efeméride hay que remontarse a la España de principios de siglo XX, recién fue instaurada formalmente por la UNESCO en 1995.

A su vez, el organismo internacional otorga un título anual a una ciudad, que reconoce la calidad de sus programas alrededor del libro. Este año, Beirut (Líbano) fue elegida como la Capital Mundial del Libro. Tal vez, sólo tal vez, en algún pasaje de esta nota se preguntó cuántos libros existen en toda la Tierra. ¡Hay respuesta! Al menos, estimativa.


  • Se calcula que hay editados 32 millones de libros. ¿Los digitalizarán a cada uno de ellos, como alguna vez prometió Google? Borges ya hablaba de una biblioteca donde cupiesen todos los libros. A su manera, quizás, la tecnología le cumpla el vaticinio.

    Curiosidades de los libros
  • Según varias encuestas, la Biblia está en el tope de los libros más vendidos de toda la historia. Entre los primeros puestos, también se encuentran Oras, de MaoTse-Tung, las series de Harry Potter, El señor de los anillos y Las crónicas de Narnia, El alquimista, El principito, Libro Guin-ness de Récords, American Spelling Book y Lo que el viento se llevó.
  • El más antiguo de los textos impresos parece ser la obra china titulada Kai Yuan Tsa Bao, compuesta de siete pliegos y escrita entre los años 713 y 742.
  • ¿Sabe cuál es el libro más largo del mundo? Cien mil millones de poemas, escrito en 1961 por RaymondQueneau. Sin embargo, el libro consta de tan sólo diez páginas que contienen unos sonetos se-para-dos por catorce versos. ¿Y entonces? El secreto es este: sus hojas están cortadas en tiras, y cada, una de ellas contiene uno de los versos que componen el soneto por página. De esta manera, las combinaciones posibles para obtener sonetos se elevan a cien mil millones. Cada vez que se haga una combinación, uno será el primero (y el único, seguramente) en haber leído el soneto elegido. ¿Cuál es la combinación correcta? Si la hay, ¡a descubrirla!
  • En el ranking de los títulos más extranos, aparecen: ¿Cuan verdes eran los nazis?, Los carros de compra perdidos del este de América del Norte, La gente no sabe que está muerta, Actas del decimoctavo imposio internacional sobre algas marinas y Mejor nunca haber sido: el daño de comenzar a existir.

Texto adaptado para el blog de: Revista Nueva Domingo 19 de abril de 2009


16/4/2009

La Historia de Internet en 8 minutos

Parece mucho pero en realidad el primer concepto de “Time Sharing” nació en 1957, básicamente como una solución al problema de programar en una computadora a la que no se podía acceder físicamente por su tamaño y la refrigeración que requería. Así fue como varios programadores pudieron conectarse a una única computadora con la que compartían su capacidad de procesamiento, algo similar a lo que hacemos hoy cuando nos conectamos varias personas a un sitio web, salvando las diferencias del caso por supuesto.

Toda esta información y mucho más es parte de “History of the Internet”un documental animado que explica la manera en que se gestó el cyberespacio, lugar en el que hoy pasamos varias horas al día y sin el que muchos no podríamos vivir.

El video explicativo utilizó los iconos PICOL, proyecto que tiene como objetivo proveer de iconos libres y gratuitos para dispostivoos electrónicos, de manera de encontrar un lenguaje pictorial común para la comunicación electrónica.

Muy interesante y educativo a la vez, especialmente dedicado a todos los que hoy se hacen llamar especialistas en algo y no tienen ni idea de cómo funciona la gran red de redes. He aquí un poco de material para que sigan sanateando, aprovechen xD.



Fuente: Dotpod: Tecnología y Comunicación Audiovisual

Es un gran error dar por válido todo lo que aparece en internet


«Un buen explorador de datos debe desarrollar espíritu crítico; no ha de aceptar la información de Google sin antes filtrarla»

Por: Miguel Ángel López Trujillo Explorador de información y «Google humano»

Miguel Ángel López Trujillo participó hace escasas fechas en un acto organizado por la red de centros SAT del Principado para formar a expertos del área tecnológica en la búsqueda de información en la red. Se define como «explorador de información y Google humano».


-¿Cómo se puede llegar a ser un «Google humano»? -Lo primero de todo es saber qué buscas. Si te vas a mover por internet tienes que tener claro si vas a buscar un hecho o un concepto. El hecho es una información sin ninguna ambigüedad posible, por ejemplo un nombre. Un concepto es una información que es opinable, que puede dar lugar a la ambigüedad. En función de si buscas uno u otro debes utilizar una herramienta.

-¿Cuál es la herramienta más adecuada para realizar búsquedas en internet? -La metáfora que utilizo siempre es que uno no emplea un destornillador para hacer un huevo frito, pues en internet es lo mismo. Lo habitual es acudir a un buscador, por ejemplo Google. Ahora bien, si buscas un concepto, un buscador se queda muy limitado.

Hay otras herramientas que son mucho mejores. No hay que olvidar el papel: acudir a un buen manual puede ser perfectamente útil. No hay por qué buscar sólo en internet, hay más universos.

-¿Los nativos digitales se han olvidado de las fuentes de información tradicionales? -Internet es una fuente, pero también el papel y las personas. A veces una llamada por teléfono a la persona adecuada puede dar la información que necesitas sin acudir a la red. Pero si vas a usar internet es necesario conocerlo muy bien. -

¿Qué propone para hallar resultados satisfactorios en la red a una consulta? -Es necesario conocer muy bien el funcionamiento de bases de datos y bibliotecas, pero también resulta fundamental desarrollar un cierto sentido crítico. El problema que tiene actualmente internet es que resulta tan fácil de usar como lugar de consulta que pensamos que todo lo que hay allí es válido y aceptamos la información sin filtrarla previamente.

-De ahí la metáfora de «Google humano»...
-Uno no se dejaría nunca superar por un robot porque la persona tiene unas habilidades que todavía la máquina es incapaz de desarrollar. Entonces, ¿por qué delegamos en una máquina acrítica? La tecnología nos seduce mucho, pero ser un «Google humano» va más allá: utiliza tu cerebro para dar un uso inteligente a esa información que está en la red. Aprendamos a filtrar: no es lo mismo una Wikipedia que una enciclopedia británica o una base de datos de artículos científicos que un blog que encuentras por ahí. Sin embargo, en Google lo mismo se puede mezclar el artículo de un premio Nobel que el trabajo del instituto.
-¿Dónde pueden acudir para manejar correctamente esa información?
-Cuando estudiamos nadie nos enseña a manejar información. Yo he aprendido a hacerlo a base de ser científico, haciendo trabajos... Preparando mi tesis doctoral en EE UU tuve que acudir a esos tres universos documentales: internet, la fuentes escritas tradicionales y las personas. Manejando toda esa información me convertí en un explorador de información.

-¿Qué características definen al buen explorador de datos?
-Tiene que ser un poco curioso, no conformarse con las primeras diez páginas de resultados de Google. Ése el principal defecto de la era digital y un error muy gordo. Hay que tener más amplitud de miras. A veces discriminamos buscadores simplemente por la comodidad de Google. El corta-pega es otro de los grandes problemas de la tecnología que impide hacerse crítico y documentarse bien.

-¿Cómo evitarlo?
-Inglaterra va a introducir la Wikipedia como asignatura y eso está demostrando que si nuestras fuentes de información van a ser digitales, igual que nos enseñan a leer y escribir tienen que enseñarnos a documentarnos.

«El corta-pega es otro de los grandes problemas de la tecnología, impide desarrollar un espíritu crítico»
«Si nuestras fuentes de información van a ser digitales, en la escuela deben enseñarnos a utilizarlas bien»



Miguel Ángel López Trujillo Nació en Madrid en 1971, y ha vivido en EE UU, Francia y Gran Bretaña. Trabaja en Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad (Fundación Deusto) y es director del programa de identificación, formación y acompañamiento de proyectos emprendedores. Ha sido consultor y responsable del área «Spin-Off» de la Red de Oficinas Universitarias Españolas de Transferencia de Conocimiento y Tecnología. Dirige el proyecto «Google humano» e Histania Consultores Culturales. Ha trabajado para el grupo Eroski y Texas State University.


La labor profesional de bibliotecarios y documentalistas en el siglo XXI

Por: Susan Aramayo
Regional Information Resource OfficerEmbajada de los Estados Unidos de América, Roma

Adaptación del texto para el blog


Resumen
En su calidad de consultora y coordinadora de los centros de recursos de información del Department of State de los Estados Unidos de América para el del sur de Europa, Susan Aramayo repasa las responsabilidades de la labor profesional del bibliotecario-documentalista y la evolución que ha experimentado en los últimos años. La autora también analiza cómo las asociaciones profesionales definen las competencias propias de su profesión y de qué manera los curículums académicos de las escuelas se han adaptado al nuevo perfil de profesional que requiere la sociedad actual.

1 Introducción
Para empezar, y a modo de introducción que sirva de contexto para entender los ejemplos que voy a utilizar a lo largo de mi exposición, me gustaría explicaros un poco en qué consiste mi trabajo.

Actualmente trabajo como especialista en centros de documentación y recursos informativos del Departamento de Estado de los Estados Unidos —el equivalente al Ministerio de Asuntos Exteriores español— y tengo a mi cargo la zona de Europa del Sur. Soy bibliotecaria, pero el trabajo que desempeño no es el tradicional de un bibliotecario. Aunque estoy destinada en la embajada de los Estados Unidos en Roma, como consultora soy responsable de visitar los Centros de Documentación (que nosotros llamamos Information Resource Centers) de las embajadas y consulados estadounidenses del área mediterránea. Viajo, al menos dos veces al año, a cada uno de los doce centros de los que soy responsable, desde Ankara a Lisboa, pasando por Tirana (Albania) y Skopie (Macedonia). En cada uno de esos centros hay un director y otros empleados que sacan adelante el trabajo diario del centro de documentación. Muchos de estos centros fueron, en su día, verdaderas bibliotecas tradicionales, habitualmente ubicadas en centros culturales fuera de la embajada, con colecciones muy grandes.

En cambio, los centros de documentación del presente pueden considerarse bibliotecas especializadas, en su mayoría ubicadas dentro de las embajadas, con pocos libros y mucha información electrónica o, mejor dicho, con acceso a muchas fuentes de información electrónica.

Así que, ¿cuál es mi trabajo como consultora? En gran medida me dedico a resolver problemas, a crear consenso. Habitualmente trabajo junto con el personal de cada centro de documentación para conseguir un mejor aprovechamiento de la tecnología disponible y para desarrollar nuevas ideas a partir de dicha tecnología. Además identifico cuáles son las necesidades de formación de los documentalistas y hago recomendaciones sobre cursos específicos, siempre que ello es posible. El objetivo principal de nuestros centros de documentación es proporcionar información sobre los Estados Unidos a los ciudadanos del país donde estamos ubicados, especialmente sobre la política exterior estadounidense. Como podréis ir viendo a lo largo de mi presentación, he escogido ejemplos relacionados con esta experiencia.

Por último, debo deciros que estos últimos diez años de trabajo han sido un verdadero desafío, a la vez emocionante y difícil, ya que hemos conseguido transformar nuestras bibliotecas tradicionales de acceso público en verdaderos centros de documentación especializados.

2 Labor profesional de bibliotecarios y documentalistas
Todo el mundo parece estar de acuerdo en que los avances tecnológicos han tenido un gran impacto sobre las bibliotecas y, más aún, sobre los propios bibliotecarios. El efecto ha sido tan profundo que muchos de los profesionales del sector se están planteando no sólo cuál es la labor que deben desarrollar, sino también cuál sería la forma más correcta de denominar nuestra profesión: bibliotecario, documentalista, profesional de la información, gestor del conocimiento (knowledge manager), broker de la información (information broker). El cambio es tan profundo que incluso una institución clásica en Estados Unidos como la Special Libraries Association (SLA: http://www.sla.org/) está considerando cambiar su propio nombre.

Puede decirse que casi todas las funciones tradicionales del bibliotecario han sufrido transformaciones y, además, han surgido tareas nuevas. Los bibliotecarios de hoy en día son consultores, imparten cursos de formación y diseñan sistemas informáticos; además, con la aparición de Internet nos hemos convertido en expertos en búsquedas en la red, en webmasters y hasta en diseñadores de páginas web y de intranets.

A lo largo de esta presentación voy a describir las aptitudes y conocimentos que debemos aportar a nuestra profesión para hacer frente al reto que supone el cambio tecnológico, teniendo en cuenta que no basta con definir las nuevas funciones del bibliotecario como meros conocimientos técnicos o administrativos. Estas nuevas funciones deben de ser entendidas como un conjunto de actitudes, aptitudes y puntos de vista que pueden ser rápida y efectivamente aplicados a cualquier nueva oportunidad o necesidad desconocida que pueda surgir.
Aunque voy a fijarme específicamente en el caso de los Estados Unidos, creo que el análisis se puede extrapolar sin problema al caso español.

La Special Libraries Association es una asociación profesional internacional que representa a más de 15.000 expertos en recursos informativos que trabajan en todo tipo de empresas privadas, oficinas del gobierno, instituciones técnicas y académicas, museos, centros médicos y firmas de consultoría sobre tratamiento y gestión de documentación.

En la descripción de la labor de los profesionales de bibliotecas especializadas, la Special Libraries Association afirma que los bibliotecarios y documentalistas de hoy en día hacen más que simplemente localizar y recopilar datos. Por medio de Internet y otros avances tecnológicos, los profesionales de la información evalúan, analizan, organizan, reelaboran y presentan la información de manera que tenga la máxima utilidad para su destinatario. Las bibliotecas y centros de documentación ya no se dedican únicamente a proporcionar datos, si no que también crean su propia información —por ejemplo, elaboran informes para el personal de la propia empresa y crean bases de datos que faciliten el acceso a la información.

Los bibliotecarios y documentalistas se enfrentan, al menos, a tres cambios significativos en el modelo de trabajo que realizan:

  • La transición del papel a los medios en soporte electrónico como forma predominante de almacenamiento y recuperación de la información.
  • La creciente demanda de que los profesionales justifiquen su labor, desde el punto de vista del gasto que supone a la empresa mantener tanto el servicio de documentación como a los propios documentalistas.
  • Los nuevos tipos de organización del mercado laboral, con fórmulas novedosas como los puestos de trabajo compartidos (job sharing), el teletrabajo (telecommuting), la externalización o outsourcing (contratar parte del trabajo de la biblioteca con compañías ajenas), las reducciones de personal y la proliferación del trabajo en equipo.

En 1996 la ya mencionada Special Libraries Association definió las calificaciones y tareas típicas de un profesional de las bibliotecas y centros de documentación en el siglo XXI. Este documento se titula Competencies for Special Librarians of the 21st Century2 y es de utilidad tanto para profesores y futuros estudiantes como para bibliotecarios y documentalistas y directivos de bibliotecas.

3 Áreas de competencia profesional
A lo largo de esta charla he agrupado once áreas de competencia profesional en cuatro grandes apartados:

  • Conocimientos y formación.
  • Productos y servicios.
  • Atención al usuario.
  • Gestión.

3.1 Conocimientos y formación
Los bibliotecarios han sido tradicionalmente responsables de evaluar los materiales que han de añadirse a la colección. Tras la reciente eclosión de la información y de los soportes informativos, los documentalistas tienen que recopilar información procedente de diversas fuentes y distintos formatos, analizarla y evaluarla para, después, resumir y enumerar los contenidos, prepararlos para su uso final (es decir encuadernarlos, encarpetarlos, etc.) y presentarlos al usuario.

La evaluación de los recursos se complica progresivamente al convivir el formato impreso, el CD-ROM, la versión ofrecida a través de Internet y aquella que ofrecen las bases de datos comerciales. Por ejemplo, antes de adquirir una determinada obra de referencia, el bibliotecario debe comparar cómo y qué parte de la información se ofrece en los diversos formatos antes de decidir cuál de ellos va a pedir. Si la decisión final es adquirir una determinada obra en más de un formato, este gasto ha de ser debidamente justificado ante la dirección. Por ejemplo, el Wall Street Journal está disponible en los cuatro formatos mencionados.

Además, hay tanta información disponible que el documentalista o bibliotecario ha de diseñar sistemas para controlar el exceso informativo y seleccionar aquello que es relevante, que procede de fuentes autorizadas y que, además, es de utilidad directa para el usuario.

Muchos bibliotecarios están en posesión de otros títulos universitarios además de los correspondientes estudios de biblioteconomía, y también es frecuente que realicen cursos sobre temas de interés para la biblioteca, universidad o empresa para la que trabajan. Además suelen leer las publicaciones especializadas más relevantes para adquirir un conocimiento más a fondo de los temas de interés para su trabajo. Gracias a todo ello pueden crear servicios específicos de alerta con información puntual de actualidad para los usuarios. Para poder identificar las principales tendencias de un determinado sector, cuáles son los personajes más destacados y las publicaciones de mayor prestigio, conviene primero que el bibliotecario esté familiarizado con el sector y el tema que va a trabajar.

Por ejemplo, si estamos trabajando en la biblioteca de la facultad de económicas, o en el centro de documentación de una empresa de negocios, deberíamos leer con regularidad The Economist, Fortune, The Harvard Business Review y, además, asistir a las conferencias y reuniones del sector, como el Wharton Global Business Forum.

3.2 Productos y servicios
Los bibliotecarios y documentalistas deben estar familiarizados con los temas propios del sector de la organización para la que trabajan. Los que, como nosotros, trabajamos en Centros de Documentación (lo que llamamos Information Resource Centers o IRCs) de embajadas de los Estados Unidos, sabemos que nuestro campo es la diplomacia pública. Nosotros debemos de explicar la cultura, los valores de la sociedad y las políticas públicas de los Estados Unidos a la audiencia de los países en que está ubicada cada embajada. El Centro de Documentación, o IRC, es una herramienta que Estados Unidos utiliza en su labor diplomática junto con otros programas y servicios como publicaciones, programas de intercambio entre países (tipo becas Fulbright), organización de conferencias con ponentes estadounidenses, etc.

Si un bibliotecario trabaja en la Ford, su sector es el de la producción automovilística y su trabajo es apoyar dicha actividad con información pertinente para que los directivos y otros empleados de la empresa puedan tomar decisiones bien documentadas en el ámbito del negocio automovilístico.

Si un bibliotecario trabaja en una biblioteca universitaria ha de ser partícipe, junto con los profesores, de la educación de los alumnos en unas determinadas disciplinas.

Si un bibliotecario trabaja en una biblioteca pública, ha de utilizar su colección para informar tanto a los ciudadanos como al gobierno municipal y del distrito donde está ubicada.

Siempre hemos de tener presente que nosotros no somos bibliotecarios, sin más, ya que siempre formamos parte de una entidad superior.

El documentalista debe de estar familiarizado con las necesidades de información del usuario y crear productos que respondan a las mismas. Existen diversas técnicas y herramientas que nos ayudan a identificar la información que necesita el usuario y la forma en que ésta le será más útil, por ejemplo, mediante cuestionarios, entrevistas y la creación de grupos temáticos de análisis (focus groups).

Una vez identificadas las necesidades de información, el personal del centro de documentación desarrolla productos y servicios informativos de valor añadido que respondan a dichas necesidades.

El personal de nuestros Centros de Documentación está acostumbrado a mostrar a los usuarios el uso detallado de algunas páginas de Internet explicando su contenido paso a paso, y también a elaborar listas comentadas de servidores de Internet que proporcionen información relevante y autorizada. Para ayudarnos en nuestra labor, los documentalistas del Departamento de Estado en Washington han creado un producto denominado InfoUSA, disponible a través de Internet y en CD-ROM, que ofrece información sobre los Estados Unidos con una estructura organizada que facilita el acceso a dicha información.

En Internet están de moda los portales, que buscan agrupar a clientes y empresas con los mismos intereses e inquietudes y que les brindan la oportunidad de obtener beneficios mutuos. Los portales no son un concepto nuevo para los bibliotecarios; las bibliotecas han sido tradicionalmente el sitio donde se ha centralizado el acceso a los recursos informativos y han funcionado como verdaderos centros de difusión de la información. Además, desde la aparición del World Wide Web, los bibliotecarios han creado servidores en Internet que ofrecen acceso a colecciones de muy distintas disciplinas, incluida la biblioteconomía.

Los bibliotecarios han diseñado portales o bibliotecas virtuales en Internet tanto para los usuarios de la biblioteca como para cualquier individuo con acceso a la red. En dichas bibliotecas virtuales se ofrecen enlaces a colecciones en línea, servidores de referencia, eventos de actualidad y exposiciones en línea. Entre los ejemplos de portales: Internet Public Library, Internet Library for Librarians y Library Spot.

3.3 Servicios al usuario
Los documentalistas no solo se han convertido en expertos en el uso de Internet, también han comenzado a dar clases de Internet a otros miembros del personal y a grupos especiales. Nuestros Centros de Documentación, por ejemplo, suelen organizar sesiones prácticas sobre el uso de Internet como fuente de información sobre los Estados Unidos para grupos reducidos de periodistas, de investigadores procedentes de laboratorios de ideas y de miembros de grupos parlamentarios.

Muchos usuarios de una determinada biblioteca y muchos de los empleados de la propia institución a la que pertenece la biblioteca tratan de encontrar la información en Internet por su cuenta, sin obtener resultado. Cuando, finalmente, se deciden a consultar al documentalista, su petición suele empezar con frases como “pero yo ya he estado mirando en Internet durante tres horas y no he encontrado nada...”

Como expertos de la información, debemos mantenernos al tanto de los nuevos desarrollos y tendencias que surjan a nuestro alrededor, y hacer comprender a los directivos de nuestra organización que si la tecnología cambia, nosotros debemos adaptarnos y cambiar simultáneamente.

Uno de los mejores ejemplos de esto en los Estados Unidos es el Proyecto de Biblioteca Digital (Digital Library Project) de la Biblioteca del Congreso. Gracias a la financiación pública y privada, la Biblioteca del Congreso está utilizando tecnología avanzada para ofrecer sus tesoros al público en general.
3.4 Gestión
Puesto que el coste de nuestra labor profesional es cada vez más elevado, en muchas ocasiones nos vemos obligados a justificar el valor de nuestro trabajo dentro de la organización a la que pertenecemos. Hay distintas formas de hacerlo:
  • Informando a los directivos del constante esfuerzo que ponemos en mejorar la calidad del servicio, y así demostrar que la biblioteca y sus servicios prestan valor añadido a la institución.
  • Desarrollando un plan de actuación para la biblioteca donde pongamos de manifiesto de qué modo las inversiones dedicadas a la biblioteca han reportado beneficios para la institución.
Los centros de investigación suelen preparar hoy en día planes de actuación de unas nueve o diez páginas de longitud. Las reuniones, conversaciones y acuerdos que conlleva la elaboración de dicho plan, han resultado ser beneficiosas para establecer nuevos canales de comunicación y para mejorar las relaciones entre los empleados del centro y sus clientes más importantes.

Para aquellos que sean bibliotecarios de instituciones académicas puede ser de interés consultar el informe de la Association of College and Research Libraries (ACRL) titulado Do we need academic libraries (http://www.ala.org/acrl/academiclib.html) y que está disponible en su página de Internet.

Los bibliotecarios deben evaluar con regularidad cómo se usa la información que proporcionan. Deben de recopilar datos y adoptar criterios para medir la frecuencia de uso de los servicios prestados, la satisfacción del cliente, y el impacto que tiene la información que proporcionan en la toma de decisiones de la organización. Todo ello va encaminado a demostrar la relevancia del Centro de Documentación para la eficiencia de la propia organización a la que pertenece.

El bibliotecario debe saber que integrarse de lleno en la organización a la que pertenece la biblioteca reporta beneficios para el centro de documentación, por ello ha de salir de la biblioteca y prestar su ayuda en otras áreas. Por ejemplo, como miembro integrante del equipo de desarrollo de la Intranet corporativa, puede demostrar su experiencia en el área de las tecnologías de la información, además de conocer directamente las necesidades de información de sus colegas de otros departamentos.
Como consultores sobre asuntos relacionados con la gestión de la información, los documentalistas deben de informar a sus colegas sobre aquellas áreas en las que tienen más experiencia, como por ejemplo las regulaciones sobre los derechos de autor. El bibliotecario de la Ford Motor Company se define a sí mismo como el agente de adquisiciones de todas las fuentes y productos informativos, ya que su experiencia en contratar servicios ha resultado esencial en la adquisición de los servicios informativos de toda la compañía. Para tener éxito en su labor, los bibliotecarios han de ser gestores eficaces. Por ejemplo, en Estados Unidos han surgido consorcios de bibliotecas con el objetivo de ejercer mayor presión sobre los proveedores a la hora de negociar tarifas de acceso a bases de datos comerciales, así como para compartir fuentes y recursos. Gracias a ello pueden demostrar su capacidad de ahorro ante los directivos de la organización a la que pertenecen.
La Colorado Alliance of Research Libraries (http://www.coalliance.org/) es un consorcio de once bibliotecas fundado en 1974, que incluye bibliotecas públicas, universitarias y de investigación.
En su plan estratégico se puede leer lo siguiente:
“La Colorado Alliance of Research Libraries tiene el objetivo de:
  • Compartir las fuentes de información.
  • Identificar y solucionar los problemas que puedan surgir en relación con la elaboración, recopilación, acceso y diseminación de la información
    [...] para reducir los costes de operación de los miembros del consorcio y proporcionar servicios adicionales a sus clientes al compartir fuentes, experiencias, y al obtener contratos de adquisiciones más ventajosos.”
4 Estudios profesionales
Aquellos que ya trabajamos en el área de la biblioteconomía y la documentación hemos tenido que adaptarnos a las novedades y volver a aprender nuestra profesión, sobre todo en la última década. Ahora vamos a fijarnos en aquellos que están estudiando hoy en día en Estados Unidos para ser profesionales de la gestión de información.
¿Qué estudios o carreras van a darles la formación necesaria para trabajar en un campo tan dinámico como el nuestro?

Los decanos y personal docente de las escuelas y facultades de biblioteconomía y documentación en Estados Unidos se han visto obligados a rediseñar sus programas de estudios. Después del período más difícil, entre los años 80 y principios de los 90, en que 15 escuelas de biblioteconomía cerraron sus puertas, casi todas las facultades de los Estados Unidos y Canadá se han replanteado cuál es la población a la que prestan sus servicios y cuál es el mejor modo de hacerlo. Además, han cambiado también sus nombres y ya no hay facultades o escuelas de library science, que sería el equivalente a biblioteconomía; ahora todas las denominaciones incluyen el término información (information) de una forma u otra.
Las escuelas y facultades aún tienen como objetivo el preparar a sus alumnos para ejercer la profesión en bibliotecas tradicionales, además de otros trabajos de gestión de la información que exceden el ámbito puramente bibliotecario, como:
  • la edición electrónica,
  • la intermediación informativa (information brokers)
  • la gestión de la documentación de empresa
  • la gestión de servidores de Internet, web masters y
  • la gestión de Intranets
Durante los últimos años, casi todas las escuelas y facultades de los Estados Unidos han introducido cambios en sus planes de estudios, tanto para revisarlos como para modificarlos en profundidad; así, cada año las escuelas y facultades revisan, añaden o eliminan asignaturas del programa para adaptarlo a las necesidades que van surgiendo. Recientemente, algunas facultades o escuelas han puesto mayor énfasis en el aspecto humano de la biblioteconomía, mientras que otras se centran en los aspectos tecnológicos de la profesión.

Algunas escuelas y facultades de los Estados Unidos han reestructurado completamente sus programas haciendo hincapié en la aplicación de la tecnología, el diseño y las comunicaciones.

Otras siguen con temarios más tradicionales, aunque se centran en educar a los bibliotecarios para que sean capaces de responder ante las nuevas formas de trabajo impuestas por los avances tecnológicos.
Los nuevos bibliotecarios pueden usar la tecnología para ampliar el alcance de los servicios de su biblioteca más allá de sus muros y para anticiparse a las necesidades del usuario.

En Estados Unidos cuarenta y cinco de los cincuenta y seis programas homologados de biblioteconomía y documentación imparten programas de educación a distancia; algunos cursos se ofrecen completos a través de Internet (Illinois, Syracuse) o por medio de la televisión interactiva (Hawai, Tennessee). En ciertas instituciones el personal docente se desplaza a otros lugares para impartir sus cursos (Kent State, Emporia). Muchas escuelas planean incrementar el uso de Internet para impartir sus cursos en un futuro próximo.

La educación a distancia facilita la posibilidad de obtener un título y supone un paso importante en la formación continuada del sector, ya que los cursos a distancia están abiertos también a profesionales en activo ya titulados.
Algunas de las escuelas que cerraron en los años ochenta y noventa han reiniciado su andadura con un enfoque distinto. La escuela de la Universidad de Denver, por ejemplo, imparte cursos sobre gestión de contenidos en Internet e inteligencia competitiva. La escuela de biblioteconomía de la Universidad de California, Berkeley, cerró en 1995 y se volvió a abrir como Escuela de Gestión de la Información y de Sistemas (School of Information Management and Systems). La Universidad de Indiana-Bloomington imparte un máster de corte más tradicional en biblioteconomía y otro más avanzado sobre gestión de la información (information science).

A modo de conclusión voy a terminar con una cita de Marilyn Miller, catedrática de la School of Library and Information Science de la University of North Carolina, Greensboro:

“Si cumplimos en la práctica con los principios básicos de la biblioteconomía, con honestidad y comprensión, conseguiremos una auto-educación para toda la vida y una capacidad de adaptarnos al cambio, porque el cambio es constante.”

Texto completo: http://www.ub.es/bid/06arama2.htm



15/4/2009

Leer sin papel


La lectura de textos digitales en pantallas de ordenador, teléfonos y libros electrónicos ofrece ventajas e inconvenientes respecto al modo tradicional. Modificará nuestros hábitos y su avance parece imparable.


Por: JOSÉ ANTONIO MILLÁN


Cuando le preguntaron a un especialista cuál sería el futuro del libro contestó: "Si por libros entendéis nuestros innumerables cuadernillos de papel impreso, plegado, cosido, encuadernado bajo una cubierta que anuncia el título de la obra, reconozco francamente que creo que la invención de Gutenberg caerá más o menos próximamente en desuso como intérprete de nuestras producciones intelectuales". Terrible predicción... que fue formulada hace más de un siglo, en 1894. Lo que entonces se suponía que iba a terminar con la lectura en papel era la grabación fonográfica.

Cien años después nunca ha habido más libros, pero ahora se anuncia que lo que va a desplazar al papel es la lectura en pantalla: en ordenador, en teléfonos avanzados o en esos aparatitos llamados lectores de e-books, libros-e o (como acaba de proponer el académico Darío Villanueva) portalibros.

Nadie sabe a ciencia cierta qué nos deparará el futuro, pero de momento el avance de los textos digitales ha provocado una extraordinaria cantidad de reflexiones y estudios sobre la lectura. Y de ellos podemos concluir que leer en papel es una operación muy diferente de la lectura en pantalla: mucho más de lo que podría parecer.

Y es que leer no es sólo acceder con los ojos al texto. Si así fuera, lo más cómodo sería un artefacto por el que fueran desfilando las letras (al modo de los textos que corren en las marquesinas), como en el cuento de Isaac Asimov que transcurre en 2157. Su protagonista recuerda: "Había una época en que los cuentos estaban impresos en papel. Era divertidísimo leer palabras que se quedaban quietas en vez de desplazarse". Es difícil que llegue este libro futuro de palabras móviles porque el lector común no lee letra a letra ni palabra a palabra sino que se administra a bloques, mediante saltos de los ojos, las porciones de texto que va descifrando.

Pero, ¿y la tinta electrónica?, ¿y esos dispositivos (como el Kindle, el Sony o el iLiad) que presentan página a página de quietas palabras, en condiciones casi perfectas de legibilidad? ¿No será lo mismo leer en ellos que leer en un libro o un periódico de papel? Sorprendentemente, no.

Los últimos siglos la lectura ha estado asociada a unos soportes materiales y a una serie de prácticas ligadas a ellos. Lo primero de lo que nos informa la obra en papel es de su tamaño: una novela o un manual de 700 páginas no encierra las mismas promesas que su equivalente de 150. Cuando las páginas que quedan por leer a la derecha del volumen forman un pequeño bloque, sabemos que ese encuentro de los protagonistas ha de ser el último que presenciemos, o que el autor considera que ya sabemos casi todo respecto a la materia que estudiamos.

Pero los artefactos lectores presentan idéntica apariencia para obras enormes o diminutas. Sí: indican de distintas maneras lo que llevamos leído en relación a lo que falta, pero eso nos informa de un modo sorprendentemente pobre sobre nuestra relación con la obra.

Los lectores electrónicos además aplanan el texto, suprimiendo las distinciones tipográficas y espaciales que lo jerarquizan a los ojos del lector. Hay que señalar que aquí radica también una de sus ventajas, porque permiten aumentar el tamaño de la letra para lectores con problemas de visión. Pero en productos textualmente complejos como los periódicos la jerarquización tipográfica es vital. El poeta experimental Kenneth Goldsmith creó la obra Day (2003) reescribiendo en un tamaño de letra uniforme la totalidad del ejemplar de diario The New York Times del 1 de septiembre de 2000, incluidos anuncios y cotizaciones de Bolsa. La resultante fue un tomo de 836 páginas tamaño folio. ¿Un solo ejemplar de un periódico contenía tanto texto como un novelón?

Sorprendentemente sí, pero sobre el papel la disposición espacial y los tamaños de letra van diciendo al lector qué importancia y uso tiene cada texto: éste para lectura, éste para hojeo, éste sólo para consulta.
Otra cuestión que rompe con hábitos culturales sólidamente asentados es el hecho de que dentro del e-book convivan muy distintos libros. En la experiencia común, un tomo podía agrupar diferentes obras siempre y cuando tuvieran algo que ver entre sí, como ocurre en una antología o las comunicaciones de un Congreso. Pero mi e-book contiene un par de novelas de Galdós, otra de Neal Stephenson, los manuales del aparato, distintas selecciones de prensa del día, varias traducciones de la Biblia y una extensa convocatoria del BOE.

¿Perdemos algo leyendo en pantalla? William Powers, columnista de la revista estadounidense The Nation, llamaba recientemente al papel "el arma secreta de los periódicos": "La mayor fuerza del papel reside en el hecho de que la mente se asienta en un estado de tranquilidad apaciguada que da lugar a reflexiones más acertadas. Ese estado es mucho más difícil de lograr cuando se lee en formato digital donde la información es infinita y donde existen tantas actividades posibles en cualquier momento".

En efecto: hay estudios que describen a los lectores de páginas web, incluso académicos, como "promiscuos, diversos y volátiles", por su hábito de "picoteo" de páginas, lectura parcial y cambio frecuente de objeto. No es extraño que surjan programas que, como Readability, despejan el contenido de una página web retirando todo lo que rodea al texto central (propuestas de otras lecturas, anuncios, barras de navegación), con el objeto de que el lector se concentre.

El papel, por el contrario, ata al lector a una obra determinada, pero eso no es necesariamente malo. Encerrados en un vagón de ferrocarril con un único libro, se nos plantea el reto de proseguir su lectura, aunque sea compleja, mientras que situados ante una proliferación de obras podríamos saltar a otra, y de ella a otra más, sin nunca terminar ninguna... El papel también hace nuestro lo que leemos, a través de subrayados y anotaciones, operaciones imposibles o muy engorrosas sobre textos digitales.
No es extraño que cambios aparentemente menores en la práctica lectora (como leer en un soporte material o en uno virtual) tengan consecuencias notables. La lectura es una actividad neurológicamente complejísima. Una obra reciente de la psicóloga Maryanne Wolf, Proust y el calamar, nos recuerda que el acto de lectura no es natural: en él confluyen mecanismos cerebrales surgidos evolutivamente con otros fines, y de hecho el aprendizaje de la lectura cambia el cerebro del sujeto que la practica, hasta tal extremo que lo configura de una determinada manera si lee en caracteres alfabéticos (como el español) y de otra si lo hace en ideogramas chinos.

Por otra parte, la especialista Anne Mangen nos recuerda "el papel vital de nuestros cuerpos, incluso en una actividad tan aparentemente intelectual como la lectura": leemos con todo el cuerpo, y sobre todo con las manos y los dedos. Y también sabemos desde el Renacimiento que leemos en el espacio: quien haya preparado una tarea intelectual distribuyendo libros abiertos, obras de consulta y esquemas por la mesa de trabajo sabe lo difícil que es organizar y percibir la multiplicidad dentro de una pantalla. El lector como un homúnculo que se asoma por las ventanas de los ojos a la ventana de la pantalla es una construcción irreal y reduccionista.

Bienvenidos sean los libros electrónicos, que nos permitirán leer documentos larguísimos sin imprimirlos, y buscar palabras en sus páginas. Bienvenida sea también la lectura en la pantalla del ordenador, porque en muchos casos constituirá la única opción para leer obras a las que si no no podríamos acceder. Pero podemos estar seguros de que esta lectura nunca será "lo mismo" que la que habríamos llevado a cabo en papel: podrá ser suficiente para nuestros fines, podrá ser placentera, pero nunca será igual. Y sólo ahora estamos empezando a descubrir de qué maneras.

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